La Opción de Perdonar


Si algo fue difícil este año, fue tomar la opción de perdonar, y creo que más una decisión, es una acción.
Aquellos que nos hieren no son cualquier persona, definitivamente son personas que amamos o apreciamos y que significan algo para nosotros..

El problema es que pasamos mucho tiempo huyendo de esta acción de perdonar, y mientras lo ignoramos, sufrimos en más de un sentido, nuestro corazón se llena de amargura, de furia, de tristeza, de orgullo y afectamos a los que nos rodean, llega división a las familias, y en las amistades, todo cambia… pero para mal, y afectamos la relación más importante, nuestra relación con Dios.

Pero que difícil es perdonar, porque no se trata sólo de decir te perdono, es tener que reencontrarte con tu dolor, es buscar en lo profundo de tu alma lo que te causo esa herida y sacarlo de ahí, dejarlo ir no es fácil, es como querer huir de aquello que nos va a “curar”, porque las curaciones también duelen.
No podría decir que el perdón lo logré sola, porque realmente necesitamos “fuerzas especiales” para lograr perdonar, y tener un amor tan grande que cubra todas nuestras faltas y las de los demás, es algo que sólo Dios puede dar.

La buena noticia es que si se lo pedimos el nos lo da, el sana el dolor, el cura las heridas, el tira las faltas al fondo del mar y te regala un amor tan grande por el que te ha herido, que puedes verlo de nuevo a la cara y en tu corazón saber que ya NO hay facturas pendientes.
Querer ignorar nuestra necesidad de perdonar, sólo nos consume… quieres vivir un día más así?

 

Mientras guardé silencio,
mis huesos se fueron consumiendo
por mi gemir de todo el día.
Salmo 32:3

Sobre todo, sean fervientes en su amor los unos por los otros,
pues el amor cubre multitud de pecados.
1 Pedro 4:8

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